La disciplina que busca Dios en ti
- 6 ene
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Amar la disciplina no significa vivir en dureza.
Significa valorar tanto tu crecimiento que estás dispuesta a sostenerte, incluso cuando no es cómodo.
Yo sé que no es fácil, cuantas veces no has empezado algo con muchas ganas y resultas dejándolo al poco tiempo o a mitad de camino, y creeme eso después duele más el no cumplirnos a nosotras mismas.
Cuando una mujer ama la disciplina, no se sobre exige. Se cuida, se cultiva.
La disciplina consciente no te quita libertad: te la devuelve. Te da estructura para crecer, claridad para avanzar, y constancia para no abandonarte.
Aceptar la corrección —en el cuerpo, en la mente, en el alma—no te hace débil. Te hace sabia.
La disciplina vista como un acto de amor propio es suavidad con estrategia
No es rigidez, es dirección amorosa.
Por eso te comparto este versículo que no habla de perfección, habla de disposición a aprender.
Y aprender requiere humildad, presencia y constancia.
El que ama la disciplina ama el conocimiento,
pero el que aborrece la corrección es necio.”
— Proverbios 12:1
Dios siempre quiere lo mejor para ti, para ello te prepara, te forja en momentos o circunstancias difíciles, e incluso te pone a prueba para darte carácter, humildad, templanza y sabiduría; de lo contrario no evolucionarías, y el cambio viene para moverte, para despertarte para avanzar en la dirección correcta hacia tus objetivos y para ello requieres disciplina, y Dios te ama tanto que nos la da como herramienta clave en su manual de instrucciones, La biblia.


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